El Continente Europeo
viernes, 9 de febrero de 2018
Economía de Europa
La economía europea tuvo que recuperarse durante el siglo XX de la desestructuración causada por los dos grandes conflictos bélicos, abordando su recuperación desde perspectivas completamente diferentes: las economías socialistas planificadas en Europa oriental, y el capitalismo en Europa occidental.
La economía europea se había caracterizado durante el siglo XIX por un desarrollo desigual, liderado por los Estados industriales de Europa occidental Francia, Alemania, Gran Bretaña, etc., mientras que el nivel de rentas y de productividad en países de Europa oriental y meridional como España, Grecia, Bulgaria o Rumania, cuyas economías se basaban principalmente en la explotación de recursos primarios (alimentos y materias primas), era sensiblemente más bajo. El librecambismo predominante en los años previos a la I Guerra Mundial fomentó un desarrollo capitalista, que quedó dramáticamente truncado con el conflicto bélico. La guerra causó una enorme pérdida de mano de obra, destrucción física de infraestructuras ferroviarias, fábricas, granjas y casas, pérdida de cosechas y rebaños, caos en el sistema financiero, e inestabilidad política. Como consecuencia de esta guerra muchos Estados europeos pasaron a depender de EEUU para abastecerse de alimentos, materias primas, bienes manufacturados o financiación, favoreciendo su ascenso como nueva potencia mundial. Entre 1918 y 1939 la economía Europa estuvo hipotecada por las deudas contraídas durante la I Guerra Mundial, por los elevados costes de recuperación, por las sanciones impuestas a los países vencidos, por la escasez de capital, por los cambios de fronteras, que desmembraron algunas regiones industriales como Alta Silesia, separaron áreas industriales mutuamente dependientes, como el carbón del Ruhr y el hierro de Alsacia, afectaron a las infraestructuras de comunicación y destruyeron vínculos comerciales, y por los recelos entre Estados, que sustituyeron las importaciones por el auto abastecimiento.
Los países de Europa occidental han afrontado el último cuarto del siglo XX con el objetivo de controlar la inflación, equilibrar las cuentas
públicas y reducir el déficit comercial. En esa búsqueda de la estabilidad macroeconómica, las reformas implantadas provocaron un aumento del paro que eventualmente se convirtió en el principal problema socio económico, hasta tal punto que actualmente los Estados miembros de la Unión Europea tienen entre sus principales objetivos lograr el pleno empleo en el año 2010. Aunque entre los años 1975 y 2000 la tasa de crecimiento anual de la economía para el conjunto de Europa occidental se ha ralentizado con relación al período 1950-70, pasando del 5% al 2,5%, las perspectivas de futuro han mejorado gracias al mayor grado de convergencia entre los países que integran la Unión Europea. Con el cambio de siglo el proceso de integración empieza a mirar hacia Europa oriental, materializándose mediante un respaldo a las reformas políticas y a la modernización económica que deben conducir a la adhesión en la UE de nuevos Estados miembros de este bloque. En cuanto a las variables macro económicas, se han registrado avances en la contención de los precios, en la reducción del déficit público, en el crecimiento de la inversión, en la disminución de los desequilibrios en la balanza por cuenta corriente, y en la reducción del desempleo, aunque las tasas de paro todavía siguen siendo próximas o superiores al 10% en España, Finlandia, Francia, Grecia e Italia. Las políticas económicas se han concentrado en la liberalización de los mercados para incrementar la competitividad y reducir la inflación, el descenso de tipos de interés como aliciente a la inversión, y la reducción de impuestos para incentivar el consumo. Desde el punto de vista sectorial, durante las dos últimas décadas la agricultura ha reducido su peso en el producto interior bruto por debajo del 5% en toda Europa occidental 1% en Alemania, Bélgica y Reino Unido, y hasta valores inferiores al 15% en todo el continente, incluyendo los Estados de Europa oriental (sólo superan el 20% del PIB Moldavia, con un 25%, Armenia, con el 29%, Georgia, con un 35%, y Albania, con el 55%). La desindustrialización iniciada tras la crisis del petróleo ha adelgazado el sector en Europa occidental y meridional hasta el 20-30% del PIB, manteniéndose por encima del 30% en Europa oriental (Eslovenia, 58%; República Checa, 43%; Ucrania, 40%; Rusia, 38%; Hungría, 34%), aunque con tendencia a reducir su producción como resultado de la reconversión acometida en la última década en su transición hacia el capitalismo.
El Continente Europeo
El Continente Europeo
Europa es
uno de los cinco continentes que tiene el planeta Tierra. Es el segundo
continente más pequeño del mundo, después de Oceanía. Abarca alrededor de
11.100.000 kilómetros cuadrados o el 2% de la superficie del planeta Tierra y
alrededor de 6,8% del total de las tierras emergidas. Se extiende en la mitad
oriental del Hemisferio Norte, desde el océano Glacial Ártico por el norte
hasta el mar Mediterráneo por el sur. Por el oeste, llega hasta el océano
Atlántico; por el este, limita con Asia, de la que la separan los montes
Urales, el río Ural, el mar Caspio y la cordillera del Cáucaso. Rusia es el
mayor país de Europa, tanto en superficie como en población, mientras que el
Vaticano es el más pequeño. Europa es el cuarto continente más poblado después
de Asia, África y América con una población de 735.000.000 o alrededor del 11%
de la población mundial.
Europa
forma parte de lo que se conoce con el nombre de viejo mundo, o sea, África,
Europa y Asia
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